Calles y plazas

Si es legal que los terroristas tengan calles, se podría ampliar la legalidad bautizando avenidas con nombres de conocidos pederastas

Alfonso USSÍA (La Razón 13-07-2008)

Centenares de municipios e instituciones se han sumado a la iniciativa de LA RAZÓN de honrar a las víctimas del terrorismo bautizando con sus nombres calles, plazas, parques y jardines. A los nacionalistas no les gusta la idea. A los comunistas de Llamazares y Madrazo, tampoco. A los batasunos, nada. En una parte de España existen calles y plazas con nombres de asesinos. La sociedad que lo tolera y lo aplaude no está enferma. Está invadida de tumores malignos. Metástasis de odio. Pero todo se andará. Ha escrito Marta Robles en este periódico, que si es legal y aceptable que los terroristas tengan calles con su nombre, se podría ampliar la legalidad y aceptación bautizando nuevas avenidas con nombres de conocidos pederastas. Una buena idea que podría ser tenida en cuenta en determinados municipios vascos y catalanes. Y no sería justo que fueran olvidados los traficantes de droga, los ladrones de guante blanco o guante marrón, los estafadores, los atracadores, los timadores y los conductores borrachos. Que toda la gloria se la lleven los terroristas se me antoja una injusticia a todas luces. Algunos jueces cobardes de la Audiencia Nacional tienen la palabra, porque el derecho a la justicia lo tienen todos los que han cometido un delito, no sólo los que llevan a cabo las matanzas terroristas.

Para el visitante de una localidad cualquiera resultará aleccionador toparse con la calle del «Atracador Martínez», la plaza del «Asesino López», los jardines del «Pederasta Geltrutet» o el parque del «Terrorista Josu Ternera». Un precioso callejero al servicio de la mansa ciudadanía. Y sin dejar a un lado edificios oficiales, bibliotecas públicas, colegios y centros culturales. Un centro cultural en Mondragón con el nombre de «Iñaki De Juana Chaos» encajaría perfectamente en aquella melancólica localidad guipuzcoana, tan agradable, culta y hospitalaria en las últimas décadas. Algún juez de la Audiencia Nacional aplaudiría la iniciativa con vítores sumariales. Así, en unos años, cualquier Universidad de Verano -la Menéndez Pelayo ha tenido a bien organizar un curso en homenaje al doctor Montes, acusado de «mala praxis» por el Colegio de Médicos de Madrid-, se atrevería a montar un curso-taller de «sexo en la cárcel» dirigido por De Juana Chaos e Irati Aranzábal, que tendrá, con toda seguridad, un gran éxito entre el alumnado estival. No es mi intención establecer comparación alguna entre el doctor Montes, que simplemente se equivocó de práctica, con el canalla de De Juana Chaos, pero cuesta creer que una Universidad como la Menéndez-Pelayo de Santander conceda un importante espacio a quien en su profesión no ha actuado correctamente.

Porque lo de bautizar calles con nombres de víctimas del terrorismo es -según la retroprogresía-, muy antiguo, muy facha y muy español. Un movimiento ciudadano y cívico carente de imaginación y tolerancia. De ahí mi absoluta identificación con la insistencia de mi periódico, que a pesar de ello, no va a descansar hasta que todas las víctimas del terrorismo tengan su calle, su plaza o su homenaje, y todas las que llevan el nombre de un terrorista, aunque sea vasco, se vean obligadas a cambiar de denominación. Y en eso estamos. Pero de mantenerlas con el apoyo de la Audiencia Nacional, que también sean honrados los pederastas y los maltratadores de mujeres.

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